Los arcos de madera laminada

Detrás de una cubierta de arcos de madera laminada se esconde una de las mejores y más modernas bodegas de la actualidad.

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Hola, no me gusta la velocidad, pero soy un fan convencido de la rapidez, quién no lo entienda que no se preocupe, ya lo hará en el transcurso entre el principio y el final de este texto, por algún motivo escribo los artículos con cierta escasez de líneas, ¡para que no os durmáis por el camino! (aunque en el fondo sé que nunca me haríais eso a mí, vuestro amigo Rodolfo).

La belleza de los teléfonos móviles de la actualidad no seríaposible sin aquel famoso inventor, el tal Alexander Graham Bell, que lo patentara en 1876, éste es un ejemplo de rapidez y velocidad, dado que llegó unas horas antes que su compatriota Elisha Gray. La rapidez de Graham pudo con la velocidad de Gray, ambos tenían prisa pero sólo uno logró el premio de pasar a la Historia como el que patentó el teléfono. En la construcción pasa prácticamente algo parecido, correr no siempre es sinónimo de llegar, y elegir los materiales adecuados nos dará rapidez y efectividad, como en la obra que os presento hoy, con un material que aporta una cualidades estéticas y físicas sin parangón: la madera laminada.

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Vistas desde el Castillo de Peñafiel: La bodega Protos

Incontables miembros de mi familia han visitado durante generaciones (desde su construcción en el siglo X) el famoso Castillo de Peñafiel; conozco historias que ni os creeríais, pero ahora no es el momento ni el lugar para tratar estos temas, si os nombro el Castillo es porque desde allí tendréis la mejor vista posible de la maravilla arquitectónica en la que he basado este (también) histórico artículo. Sería imperdonable (aunque justificable) que visitarais “nuestro Peñafiel” y no disfrutarais del Museo del Vino del que es sede. Desde su característica forma de nave, mirando desde sus murallas veréis, hacia el norte, una llamativa estructura triangular compuesta por cinco alargados semicilindros tumbados.

La sencillez de la propuesta de los arquitectos Rogers StirkHarbour + Partners (¿os acordáis de ellos?) encaja perfectamente con el estilo de la zona… pero… ¿Qué digo? ¡No encaja con la zona! De hecho… no creo que encaje con ninguna parte del municipio de Peñafiel, como no lo hace tampoco el Castillo, al contrario: están fuera de todo contexto y eso hace que sean únicos e, irremediablemente, estén entrelazados por algo que no entiende de años ni de entidades. Es como cuando el abuelo pasa horas con el nieto y ven que en su interior son iguales.

Quién ha puesto esta edificación en manos de Rogers StirkHarbour + Partners (que han contado con la inestimable ayuda de Alonso Balaguer y Arquitectos Asociados) son los responsables de Protos, ya sabéis, los del buen vino (denominación de origen Rivera del Duero). Las premisas eran claras: 10.000 metros cuadrados de superficie para construir 19.450 metros cuadrados de bodega en los que poder elaborar 1.000 toneladas de uva, almacenar 3.500.000 botellas de vino y unas 5.000 barricas. Por supuesto el edificio cumple con estas funciones y algunas más y todo por la modesta suma de 25 millones de euros.

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Arcos de Madera

La mayor parte de la construcción se esconde en el subsuelo, lugar ideal para el tratamiento y reposo del vino, además,la edificación está conectada subterráneamente con las antiguas bodegas de Protos (más de dos kilómetros de galerías), esté soterramiento no es casual: obedece a que la temperatura en el subsuelo es constante y baja (sobre los 15º centígrados), lo cual favorece la maduración y conservación del vino. Por encima de ésta se sitúan las áreas de elaboración, los depósitos de fermentación y almacenamiento, la planta embotelladora, la zona de embalaje, las áreas técnicas y, por supuesto, zonas de acceso para vehículos. En la planta a nivel de rasante se ubican las zonas de marketing, recepción de invitados, y, lo más novedoso, un pequeño auditorio y un jardín escalonado con vistas al Castillo que hace las delicias de los usuarios de las oficinas.

La estructura está formada por arcos de madera laminada, que se apoyan en piezas de acero con forma de “V inversa”  y que, sustentadas en pilares de hormigón, ayudan a transmitir los esfuerzos a la cimentación del edificio. Estos arcos se separan entre sí 9 metros y la distancia entre sus puntos de apoyo es de 18 metros (¡qué fácil es la geometría!). Estas bellísimas semicircunferencias sostienen la cubierta de tablas de madera (también laminada) mediante elementos de acero (en forma de “V”) que comunican a los arcos las cargas del entramado. Los arcos trabajan siempre a compresión y son, junto a los triángulos, las formas estructurales más efectivas para transmitir esfuerzos, de ahí su amplia utilización en Arquitectura e Ingeniería. Por último destacar la cámara de aire que, junto a las piezas de terracota de la parte exterior de la cubierta, ofrecen una protección contra la radiación solar que no tiene precio.

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Madera Laminada Encolada

La belleza y utilidad de la madera no está en duda, un material orgánico que crece y que es capaz de soportar las condiciones más adversas, aún siglos después de su desvinculación con la vida, es un prodigio físico y químico. Pero hasta la madera tiene límites y ahí es donde entra el ingenio humano: mediante la disección de la madera en láminas de pequeños espesores y su unión por diferentes tipos de adhesivos se crea la madera laminada. Las formas que se pueden adoptar mediante este material sólo están delimitadas por la imaginación del proyectista, alcanzando luces de hasta treinta metros. Si encolamos las láminas con las mismas direcciones de las fibras el resultado será una correcta transmisión de esfuerzos, siendo esta la mejor forma de trabajar para los elementos estructurales.

La desaparecida Holtza S.A. fue la compañía suministradora de los arcos que hoy nos traen aquí.  Para nuestra tranquilidad debemos exigir (o sugerir con fuerza) que los elementos de madera encolada tengan algún sello de calidad que los abale como el sello de calidad AITIM de España, el certificado del Instituto Otto Graf de Alemania, el certificado Acerbois Glulam de Francia o el famoso certificado AITC de los Estados Unidos de América.

Los elementos prefabricados nos dan una mayor rapidez en el montaje de las estructuras pero no nos aportan velocidad de ejecución: he ahí mi predilección por la primera antes que por la segunda. Adiós.

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