El cielo de Moscú

El cielo de Moscú no está tan lejos como parece… sólo hace falta saber cómo llegar.

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A Nikolai le gusta mirar el cielo, se siente más cerca de la verdad, de la honradez, de la dignidad humana (evidentemente, es joven). Entiende perfectamente por que las catedrales antiguas se construyeron altas y hermosas, desde lejos, estos edificios (como la Catedral de San Basilio) embellecen el espacio, desde cerca imponen, te dejan sin habla. Ahora, empezando el siglo XXI (sólo llevamos 15 años), la necesidad de alcanzar el cielo está más ligada al aprovechamiento del espacio que al diseño o la belleza, aunque a Nikolai le sigue pareciendo más inspiradora la segunda opción.

Nikolai estudia la maestría de Arquitectura en la Rudn (Universidad en Moscú, Rusia), es muy popular porque allí estudian también muchas personas de otros países, toda una mezcla cultural. Su mejor amiga es una española, nunca se acuerda muy bien de qué región… (¿Extremadura, Murcia o Cataluña?), y a ella no le gusta nada, “que raras son las españolas, ¿qué importancia tendrá nacer en una esquina u otra?” piensa a veces Nikolai, pero con Sandra (así se llama) todo es nuevo siempre, y difícil, también.

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Pero las dificultades dan sentido a la vida, o eso piensa Nikolai, que acompaña a Sandra (y se deja acompañar por ella) en las escapadas por Moscú. “Es una ciudad única, con personalidad propia y un frío aterrador”, le dice ella. Uno de sus sitios favoritos es el Centro Internacional de negocios de Moscú (Moscow City), este centro fue proyectado por el Gobierno en 1992, en el distrito de Presnensky, al oeste de Moscú, en la orilla del río Moskva. Se sienten muy unidos a este lugar, entre otras cosas porque al igual que ellos, el sitio tiene un futuro prometedor, y muchas ganas de explotarlo (aparte, claro, de tener aproximadamente la misma edad).

Pasan horas contemplando y analizando las diferentes torres, las mejoran mentalmente y les dan usos distintos, y, cuando pueden, asaltan a los operarios o usuarios de los edificios. No les gusta la Evolution Tower ni la Torre Imperia, adoran la Mercury City y la Torre Naberezhnaya, les divierte mucho la Capital city (con su juego de volúmenes), pero, sencillamente, están enamorados de las Federation Tower (las Torres Federación). Desde antes de visitarlas por primera vez ya sabían que sus arquitectos fueron el señor Peter Schweger (de ASP Schweger Assoziierte Gesamtplanung GmbH, en Hamburgo) y Don Sergei Tchoban (de NPS Tchoban Voss Architekten BDA, en Berlín).

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El complejo está compuesto de dos torres y una antena que encaja en medio. La torre más alta alcanza los 374 metros y, aunque todavía no está en funcionamiento, pronto lo hará, convirtiéndose en el mayor rascacielos de Europa, la antena alcanzará los 506 metros de altura cuando esté completa y la fecha prevista para su finalización es 2016, aunque lo más probable es que se retrase. Las construcciones nacen de una base donde se ubican los vestíbulos de los apartamentos, oficinas, restaurantes y varios comercios, por debajo de ésta, cuatro plantas subterráneas para salas de máquinas, servicios varios y aparcamientos.

Los edificios son de uso mixto: residencial y oficinas, los promotores presumen de que no hace falta salir del complejo para hacer vida completa (si así lo deseas, claro). Desde la base, dos estructuras con forma de triángulo equilátero (con paredes ligeramente curvas) se van estrechando mientras se alzan al cielo, la más baja alcanza 63 plantas, tiene 244 metros de altura y se puso en funcionamiento en el año 2008. A Nikolai le gusta llamar a cada edificio por su nombre, torre Zapad la más “pequeña” y torre Vostok la menos “pequeña”, a Sandra le gusta fusionarlas y siempre habla del complejo Federación, el que tiene 443.000 metros cuadrados de superficie útil en total.

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Las estructuras son de un hormigón armado de extrema dureza, el doble de la convencional, consiguiendo mayor esbeltez y mayor durabilidad. Los cimientos del complejo están compuestos por 14 mil metros cúbicos de hormigón y, según dice su página web, han merecido su registro en el Libro Guinness de los récords. Cuando se anclan dos edificaciones de tan diferentes tamaños (y pesos) al mismo punto, hay que optar por asegurarse de que no habrá desplazamientos por movimientos diferenciales. Esto se puede conseguir de dos formas: separando las dos estructuras de forma que funcionen independientemente, o anclándolas en una losa lo suficientemente enorme (y estable) para que sea (en teoría) inamovible. En esta construcción optaron por la segunda.

La torre Vostok tiene 93 pisos de altura e incluye en su interior oficinas de tipo A+ (ahí están las de los bancos más importantes del Globo), apartamentos de lujo, un hotel cinco estrellas Grand Hyatt Moscow, restaurantes, boutiques y tendrá un mirador público en el piso 87. El ingeniero Thornton Tomasetti cuenta que habrá puentes peatonales en los pisos 32 y 64. También habla de que cada 25 a 30 plantas están los estabilizadores, que aseguran que los movimientos de los estructuras, debidos a los vientos o los sismos, causen el menor daño posible. Para la construcción y el diseño se han tenido en cuenta todos los parámetros de seguridad, así como se han realizado previsiones mediante técnicas informáticas.

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Las fachadas también han recibido un tratamiento especial. Primero al decorarlas con la imagen abstracta de nubes, para crear la sensación de flotabilidad en los rascacielos. Las ventanas son panorámicas (de piso a techo), llegando en algunas plantas a los 5,5 metros de altura por 1,83 metros de anchura. No tienen ningún elemento que obstaculice las vistas de la ciudad, lo cual, claro, se agradece. Pero los vidrios guardan un secreto muy especial: están rellenos de argón. Esto se consigue mediante la inclusión del gas en la cámara intermedia entre dos o tres vidrios.

El argón es un gas noble, inodoro, incoloro e insípido. Se utiliza porque es más denso que la atmósfera y, por lo tanto, ofrece mayor resistencia a la conductividad térmica, aislando mejor que las cámaras de aire. El principal temor al que nos enfrentamos es a la repercusión que tendrá si el gas se escapa, pues bien, el gas argón no es tóxico, de hecho, existe en el aire de forma natural en una proporción del 2 por ciento. El argón minimiza también la condensación que se acumula en el cristal por la diferencia de temperatura entre ambos lados, por lo que si te venden un cristal con argón y se empaña ya estás llamando al fabricante. Como último dato, también reduce la transmisión del sonido hasta en 3 decibelios.

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Nikolai y Sandra no se despidieron cuando acabó el curso y ella tuvo que regresar a su país de origen. “Volveremos a estar juntos” le prometió él, “puedes estar seguro” le aseguró ella, en sus corazones la pasión de la juventud, en sus mentes la frescura de la inteligencia, en el futuro una gran incógnita.

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