El Museo de los Judíos Polacos

Un Museo es el lugar donde albergamos los detalles del pasado, pero también puede ser una brizna de esperanza para el futuro.

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Hola, a menudo resumimos la Historia de la Humanidad con palabras o números, reduciendo la realidad a entes que no tienen alma y que no permiten entender toda la dimensión de una tragedia, de un descubrimiento, de la labor de una persona, etc. Menos mal que desde tiempos remotos la humanidad ha encontrado otra forma de legar su pasado, más directa y explícita: mediante la salvaguarda y exposición de objetos que nos recuerdan lo ocurrido, lo que comúnmente se conoce como Museos (¡cómo me gustan los museos!).

El 28 de Octubre del pasado año (2014 para quién lo lea más allá del 2015), abrió sus puertas al público un Museo muy especial, en Varsovia (Polonia), pero antes de dar más detalles os hablaré de una chica llamada Natalie Portman, nacida en Israel y Estadounidense de adopción, se ha convertido por méritos propios en toda una estrella del panorama cinematográfico actual. Su merecido Oscar por la película “el Cisne Negro” sólo atestigua esa realidad, pero esta mujer es algo más, para mí, Rodolfo, es la mejor actriz del Mundo, y sabéis por experiencia, que rara vez me equivoco.

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Pero si pensáis que la nombro para vanagloria y entretenimiento personal, os equivocáis (aunque no profundamente), a pesar de mi admiración por su trabajo (y su persona) no sería parte de este estudio si no fuera descendencia de los judíos que una vez poblaron Polonia (por parte paterna), y a los cuáles les han rendido honor con el Museo del que os hablé en el párrafo anterior: el Museo Polin. Cuentan que huyendo de los conflictos religiosos de la Era Medieval muchos judíos llegaron a Polonia, cuyo nombre en hebreo, Polin, significa “aquí descansarás”, esta “señal” fue interpretada como una invitación a quedarse en el lugar. Así lo hicieron, estableciéndose en su nueva casa hasta el devastador Holocausto.

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El edificio fue diseñado por Lahdelma & Mahlamäki Architecs y se llevó a cabo con la colaboración de otro estudio de arquitectura: Kurylowicz & Associates. Se compone de un volumen paralelepípedo dentro de una enorme explanada en el Parque Willy Brandt, donde estuvo el gueto judío durante la guerra. Pero el motivo de la creación del Museo no es éste, se trata de un memorial de los 1.000 años de historia de los que allí vivieron y viven, un testimonio de lo ocurrido en Polonia, y tiene vocación multifuncional, dedicando partes de su recinto a la exposición, a la investigación, la educación y la cultura.

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El concurso que dio por vencedor el actual regalo arquitectónico se organizó en 2005 y a él, se presentaron (nada más y nada menos que) cien proyectos, suficientes para preguntarte si no te hubiera gustado algún otro… ya se sabe lo de “para gustos, colores”; entre ellos algunos de renombre como Kengo Kuma & Associates, Peter Eisenman o Zvi Hecker. En julio de 2009 empezó la construcción del recinto acabándose ésta en mayo de 2013, aunque no fue hasta Octubre de 2014 cuando se inauguró la exposición central y permanente sobre los habitantes judíos de esta parte del Mundo y que ocupa la parte central del edificio con 5.000 metros cuadrados de superficie.

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El área total de actuación han sido 12.442 metros cuadrados (con parque incluido, por supuesto), siendo la superficie total del museo de 16.374,16 (casi nada). Lo que ganó el corazón del jurado (según me dicen en confidencia) fue la intención del proyectista de dar prioridad a la vitalidad y al optimismo, no aferrándose, por tanto, a épocas concretas. Así, el volumen exterior está realizado por dos capas, una de cristal y bronce, que da una espectacular luminosidad al recinto, y otra interior de hormigón armado, siendo ésta la estructura principal. La simbología está presente cada detalle, desde la serigrafía que adorna toda la cristalera exterior con la palabra “Polin” en Hebreo, hasta el corte profundo que se extiende de un extremo a otro del edificio.

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Éste corte te lleva desde la entrada, con su singular inclinación, hasta el recinto interior de mayor volumen, danto éste a la parte trasera con un increíble ventanal. Frente a él, un árbol solitario parece desafiarte con amabilidad, que grande puede ser la arquitectura cuando se usa con inteligencia y audacia. Este “túnel”, cuyas paredes onduladas fueron recubiertas con hormigón proyectado, se ha inspirado en el lejano pasado del pueblo Hebreo, cuando según el Antiguo Testamento Moisés abrió el Mar Rojo para que su pueblo pudiera escapar de los egipcios. El hormigón, de un color arenoso (¿Os recuerda algo?) se adhiere a una estructura compuesta por elementos de acero retorcidos, calculada por Arbo Projekt con todo lujo de detalles, sus trazos diagonales dan sensación de movimiento y caracterizan el volumen amorfo, os lo aseguro, ¡quiero una pared igual!

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Construido por la empresa Polimex Mostostal S.A., a la que se le adjudicó la obra por 152 millones de PLN (Zloty polaco, que al cambio son unos 36 millones de euros), la altura del edificio es de 21,15 metros y se divide en cuatro plantas, teniendo también dos plantas subterráneas. El área de la construcción es de 4.414,50 metros cuadrados (con lados de 67 metros) y el área de la pared curva interior (la hendidura) es de 5.700 metros cuadrados. Se han utilizado 15.000 metros cúbicos de hormigón armado con 1.000 toneladas de acero corrugado suministrado por la empresa ArcelorMittal (la empresa de acero más importante de Europa), también se han utilizado 800 toneladas de acero estructural en la pared curva y en otros elementos.

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Justo frente al Museo, se levanta el Monumento a los héroes del alzamiento del gueto, instalado en el año 1948, y en el que el Canciller socialdemócrata alemán Willy Brandt hizo una genuflexión en acto de humildad y penitencia hacia las víctimas del gueto el 7 de diciembre de 1970. El edificio está compuesto también por exposiciones temporales, auditorio para 450 personas, un centro de educación, salas de proyección, restaurante y cafetería (nunca puede faltar esta última). En el interior, el Grupo Plus Architecture Studio, desplegó todo su buen hacer, diseñando el ambiente necesario para 2.480 metros cuadrados de oficinas y combinando la elegancia con tonos alegres.

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El Museo ya se ha ganado el premio al “Diseño arquitectónico del año” de los Premios EuroBuild, pero lo más importante, se ha ganado un lugar en la Europa actual, que entiende que avanzar significa no olvidar. Dos elementos más llamaron mi atención por encima de los demás, la poderosa escalera en espiral blanca y la réplica del techo de una sinagoga del siglo XVII (de madera) pintada con diversos motivos religiosos, animales y vegetales. Vale la pena visitar este lugar, recordar lo que pasó en diversos siglos, y mirar al futuro con un renovado optimismo (a la par que con más conocimientos).

Tengo claro que imitaré a Rainer Mahlamaki (arquitecto responsable del diseño) y, en la construcción que tengo por realizar, incluiré una enorme pared amorfa que me recuerde este Museo, así tendré una nueva excusa para volver a visitarlo. Adiós.

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