El cielo estrellado de aluminio

Una extensa cúpula estrellada cubre el nuevo Museo Louvre en los Emiratos Árabes, el primero fuera de Francia.

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Hola, exhausto es una palabra muy reconfortante, no sólo para quién la usa sino también para quién la experimenta. No penséis que vuestro amigo y filántropo favorito, yo, Rodolfo, ha perdido cierta sensibilidad mental, si os paráis a reflexionar reconoceréis cuánta razón tengo. Para estar exhausto has tenido que realizar una épica por la cual estés rebosante, de cansancio y regocijo, a parte iguales. Pues bien, acabo de ejecutar una de similares dimensiones a la que debió sentir Daniel Defoe, al escribir la novela “Robinson Crusoe”, en 1.719. Sobre todo teniendo en cuenta que parte de mi épica ha ocurrido en la isla Robinson Crusoe (situada en Chile).

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Me encontraba en la isla decidiendo si la escogería como lugar donde edificar mi futura construcción o si, por contra, les dejaba el terreno libre para que en el futuro levantaran algún Parque Temático en honor a Defoe y Crusoe. Allí me llamó mi amiga, Cristina, ya sabéis, la del Hormigón Ecológico, y me obligó a hacer un viaje de más de 24 horas para ver la colocación de una última pieza muy especial: la de un Cielo Estrellado de aluminio.

En esas veinticuatro horas (largas) me entretuve buscando poemas de estrellas, encontré algunos interesantes como el de Edgar Allan Poe (Estrellas fijas) o José de Espronceda (A una estrella), pero el que más me gustó fue el que Pablo Neruda llamó: Oda a una estrella, en la que el escritor roba una desde lo alto de un rascacielos y se la lleva a su casa… en fin, es una tentación que me ha rondado mientras veía como colocaban la última de las piezas de una cúpula muy especial: la del nuevo Louvre de Abu Dhabi.

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Mi indestructible amiga, Cristina, me esperaba en el aeropuerto internacional de los Emiratos Árabes Unidos, con varios planos en las manos y algunos garabatos (que sólo ella entiende, cosas de arquitectos). Me explica la situación: “Está a punto de llegar Jean Nouvel, así que tenemos poco tiempo para ir al hotel y que te prepares para la colocación de la última pieza”. Pero retrocedamos en el tiempo, hasta el año 2.007, cuando los Emiratos Árabes llegan a un acuerdo con el Museo del Louvre (criticado por una parte de la sociedad francesa, por supuesto) mediante el cual pueden hacer gala y ostentación del mismo nombre, y, también, de una parte muy importante de las obras del museo (que podrán utilizar durante treinta años), eso sí, las arcas francesas se llenarán con 700 millones de euros a desembolsar por los Emiratos en ese tiempo (no parece mal negocio).

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Se encargó la realización del nuevo museo al mentado Jean Nouvel (premio Pritzker 2.008), y se le dio un espacio de 63.000 metros cuadrados en la isla de Saadiyat (en Abu Dhabi, obviamente) en la que desarrollar la construcción de 35.000 metros cuadrados útiles, donde ubicar salas de exposiciones permanentes (6.000 metros cuadrados), salas de exposiciones temporales (2.000 metros cuadrados), un museo para niños, un auditorio, los correspondientes espacios públicos, las oficinas administrativas y todo el engranaje de almacenes que este tipo de edificios necesita, boutiques y cafeterías-restaurantes (siempre imprescindibles).

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Los 2.400 millones de AED (moneda del país), al cambio unos 576 millones de euros, sirvieron a Nouvel para diseñar todo un complejo formado por edificios, plazas, paseos y canales que simulan una pequeña ciudad con aires de poblado tradicional árabe. Pero la pieza clave de este enjambre constructivo es una enorme cúpula (o domo) de 180 metros de diámetro que cubre la mayor parte del complejo (unos 25.500 metros cuadrados). Gran parte de los 30 edificios anidan bajo el singular elemento arquitectónico, a los que llegan, en forma de haces, la luz del sol que atraviesa más de 4.000 huecos que perforan la cúpula. Una genialidad que no pasará desapercibida en el futuro, os lo aseguro.

Otra genialidad es la de generar el aspecto visual de que la cúpula sobrevuela los edificios sin ningún punto de apoyo, para ello, fue fundamental la ayuda del grupo Burohappold engineering que desarrolló una estructura apoyada en cuatro pilares de hormigón armado (de 5 por 5 metros), esta estructura, realizada con una extensa red de articulaciones tubulares de acero, de hasta 10 longitudes diferentes, tiene un alto de 5,5 metros. Cubriendo esta red, el grupo Handel Engineering desarrolló hasta cuatro capas de aluminio por la parte baja y otras tantas por la parte alta recubriendo todo el domo, debido a la gran cantidad de huecos de diferentes tamaños y disposiciones, tuvieron que generar un modelado informático en tres dimensiones y ocho meses de trabajo en talleres, ¡fantástico!

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Por supuesto la cúpula no tiene sólo un efecto visual impactante, también sirve para proteger del clima desértico de Abu Dhabi, y, junto a los canales de agua que recorrerán sus calles interiores, provocarán un gran ahorro energético. La altura máxima del domo es de 37 metros en su centro y 14 en el perímetro exterior, pesa 5.000 toneladas, y su construcción ha ocupado 30 millones de horas en 424 días de trabajo. La última pieza, que vimos colocar en directo mi amiga y yo, mide unos 49 metros cuadrados y pesa 415 kilogramos, y es sólo una más de las 7.850 piezas que forman las ocho capas de aluminio. En total, 4.481 huecos (o estrellas) emitirán rayos de luz sobre el museo. Cuando se terminen de colocar las piezas de aluminio de la parte inferior, el domo pesará 2.000 toneladas más, gracias a los 400.000 elementos individuales que conforman la envolvente, ¿os quedáis de piedra… o de metal?

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Los canales de agua que inundarán este bello pueblo no han sido puestos en funcionamiento todavía, se prevé que para el año 2.016 se inaugurarán junto al resto del complejo. Los cimientos se sitúan a dos plantas por debajo del nivel del mar, lo cual ha hecho que los ingenieros desarrollen un complejo sistema de protección contra la introducción de las aguas salinas. Ayudados por la empresa Sika Group, tal vez, la mejor empresa de impermeabilización del Mundo, cubrieron la cimentación con dos capas de geomembrana (capa sintética que evita el paso del agua) de 1,6 y 2,5 milímetros de grosor respectivamente, en total se utilizaron 250.000 metros cuadrados de tela y 150.000 metros de soldadura. Además, también se usó un sistema waterstop, que elimina la posibilidad de fugas en caso de rotura de la membrana. Todo para evitar la humedad que suele ser, con diferencia, el peor de los enemigos en la construcción.

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Una vez terminado el Museo Louvre, los amantes de la cultura tendremos un lugar más en el que se cruzarán culturas y pensamientos, un nuevo sitio donde cambiar (a mejor) el futuro. Como último detalle os diré que a Cristina le encantó el poema de Pablo Neruda, y me ha prometido que, en la próxima ocasión que nos veamos, me sorprenderá con una poesía de igual calibre, yo, lo dudo, pero igual me dejaré sorprender. Adiós.

 

Pablo Neruda: Oda a una estrella.

ASOMANDO a la noche
en la terraza
de un rascacielos altísimo y amargo
pude tocar la bóveda nocturna
y en un acto de amor extraordinario
me apoderé de una celeste estrella.

Negra estaba la noche
y yo me deslizaba
por la calle
con la estrella robada en el bolsillo.
De cristal tembloroso
parecía
y era
de pronto
como si llevara
un paquete de hielo
o una espada de arcángel en el cinto.

La guardé
temeroso
debajo de la cama
para que no la descubriera nadie,
pero su luz
atravesó
primero
la lana del colchón,
luego
las tejas,
el techo de mi casa.

Incómodos
se hicieron
para mí
los más privados menesteres.

Siempre con esa luz
de astral acetileno
que palpitaba como si quisiera
regresar a la noche,
yo no podía
preocuparme de todos
mis deberes
y así fue que olvidé pagar mis cuentas
y me quedé sin pan ni provisiones.

Mientras tanto, en la calle,
se amotinaban
transeúntes, mundanos
vendedores
atraídos sin duda
por el fulgor insólito
que veían salir de mi ventana.

Entonces
recogí
otra vez mi estrella,
con cuidado
la envolví en mi pañuelo
y enmascarado entre la muchedumbre
pude pasar sin ser reconocido.
Me dirigí al oeste,
al río Verde,
que allí bajo los sauces
es sereno.

Tomé la estrella de la noche fría
y suavemente
la eché sobre las aguas.

Y no me sorprendió
que se alejara
como un pez insoluble
moviendo
en la noche del río
su cuerpo de diamante.

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