Las casas más extrañas están en Japón

En Japón se construye con cierta libertad y gusto por la experimentación, prueba de ello son sus múltiples estilos arquitectónicos.

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Aníbal miraba los bocetos de la que podría ser su futura casa, su futuro hogar. A pesar de no tener mucho tiempo libre, se tomaba muy en serio definir la morfología de su futura vivienda, sabía que el arquitecto al que había hecho el encargo estaba poniendo todo su mejor hacer en la elaboración de su proyecto, pero había algo que estaba claro: sería él y su familia quienes iban a disfrutar de la futura construcción.

Desde que saliera de su nación natal, México, Aníbal había estado viajando alrededor del Mundo con cierta ansiedad, casi como si huyera. Trabajar en las ciudades más importantes del Orbe, como Nueva York, Toronto, Sidney, Beijing, Madrid o Berlín, no sólo le había infundido un enorme respeto por la humanidad, también le había enseñado que todos somos diferentes, aún sin quererlo, nuestras raíces nos distinguen y, curiosamente, también nos unen a otras de distinta procedencia en un bucle de difícil explicación (al menos para él).

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Ahora llevaba ya cinco años en Tokio, y, por fin, era totalmente feliz. El trabajo le iba bien (cámara de documentales para la televisión japonesa) y compaginaba su labor con pequeños trabajos externos, ganándose unos yenes extra al mes. Pero lo mejor era que su corazón estaba totalmente inundado de alegría: tenía los mejores amigos que se podía encontrar y una gran mujer a su lado, que, aun no entendiendo del todo su sentido del humor (él no perdía la esperanza de que algún día lo hiciera) lo adoraba como sólo una mujer japonesa sabe hacer.

Estudió la primera casa, se parecía mucho a la Casa NA de Sou Fujimoto, un espectacular juego de volúmenes, como cajas apiladas que se distribuyen a diferentes alturas, esto permite la multiplicidad de funciones de cada cuarto y la intercomunicación de sus habitantes, como si hablaran desde las distintas ramas de un árbol. Para conseguirlo el diseñador se basó en una estructura de perfiles metálicos y paredes acristaladas, poco peso y suficiente esbeltez. La magia de este hogar es la transparencia que ofrece.

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La segunda opción se le antojó curiosa, tenía un aire a la Casa Shell, de Artechnic Architects, que tiene forma de “J” a vista de pájaro, pero que, desde el suelo, se asemeja a una concha de algún molusco. Sus paredes son ovaladas, creadas por una gruesa capa de hormigón armado (entre 35 y 75 centímetros) que protege del ambiente húmedo del bosque de Karuizawa, en Nagato. Al mexicano le encantaba la idea de distribuir la casa en sólo una planta, aun estando a 1,5 metros del suelo, para aislar la casa y permitir la inclusión de los aparatos de aire acondicionado en ese hueco.

El tercer boceto tenía un marcado carácter tradicional… sobre todo porque estaba confeccionado totalmente con madera. Le recordó la espectacular tienda de Sunny Hill (una pastelería), para cuya creación, el famoso Kengo Kuma, se basó en los cestos tradicionales de bambú. La estructura se realiza con un entramado muy característico de Japón llamado Jiigoku-Gumi, en el que se entrelazan tablones de madera unidos sin cola o clavos. Se utilizaron 5.000 metros de tiras de madera de 60 por 60 milímetros de grosor.

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En la construcción de Kuma, los listones de madera se unen en ángulos de 30 y 60 grados, en vez de los tradicionales de 90, dando una peculiar visión romboide. Los ensambles se realizan de forma que, a la vista, las maderas se funden. Para realizarlo se colocan primero series paralelas y se van yuxtaponiendo las que se cruzan, rigidizándose el proceso mediante la unión de esfuerzos. Hasta doce cajeados diferentes se utilizaron en este edificio. Cuánta belleza, pensó Aníbal.

Nozomi se estremeció a su lado, la exquisita sensibilidad de los habitantes de ese país no dejaba de sorprender nunca al mexicano. Son, al mismo tiempo, tradicionales y vanguardistas, y eso lo reflejan en cada faceta de la vida, como, por supuesto, en la arquitectura, no es de extrañar que sea el país que más experimenta con las diferentes formas de habitar un hogar. Como la del cuarto boceto, un singular edificio cuya poderosa envolvente no deja lugar a dudas que resistirá cualquier inclemencia.

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Era muy similar a la casa Kohoku, de Torafu architects, estaba empezando a sospechar que el arquitecto quería agradarlo con ideas de lo más variopinto. En la original casa Kohoku, el material que prioriza es el hormigón armado, se trata un edificio de un solo cuarto de 70 metros cuadrados formado por paredes de 15 centímetros totalmente impenetrables. La luz viene de la parte superior de la curiosa cubierta, formada por picos.

La quinta proposición dejó helado a Aníbal… ¿Una casa de paja? Miró boquiabierto al japonés, y éste, con una sonrisa le explicó la fantástica hazaña de los estudiantes de la Universidad de Waseda, que diseñaron y construyeron una casa que produce calor por medio del compost agrícola, pudiendo generar 30 grados de temperatura durante cuatro semanas. Además, las paredes son fácilmente cambiables y la paja se puede sustituir con mucha facilidad, y, por supuesto, no huelen.

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Para la sexta, nuestro personaje estaba “hecho al paño”, como quién dice, así que no le extrañó ver una envolvente de plástico, como la vivienda en Tousuien, del grupo de arquitectura Suppose Design Office, en el que la fachada principal está cubierta por este material en su forma translúcida. Esto permite un mayor aprovechamiento de la luz exterior, a lo que contribuye también la eliminación interior de los tabiques, por lo visto, los propietarios querían mucha luz.

Irónico, y antes de seguir mirando bocetos, el mexicano tomó la mano de Nozomi, su mujer, y la tentó dos veces (señal de que iba a tentar la suerte con su característico sentido del humor), ella palideció un poco antes de escuchar lo que iba a decir Aníbal. Y dígame una cosa señor, ¿No ha hecho un diseño en piedra y tela? espetó sonriente, a lo que el nipón, con los ojos como platos respondió: Qué gran visionario es usted, señor, ¡ha adivinado el siguiente boceto sin mirarlo!.

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