#Arquipasión, las Catedrales de Joaquín Vaquero Palacios

En Madrid la pasada Semana Santa, se pudo ver la exposición de la Fundación Ico sobre las Centrales Eléctricas asturianas del arquitecto Joaquín Vaquero Palacios.

La exposición se denominaba ‘Joaquín Vaquero Palacios. La belleza de lo descomunal. Asturias, 1954-1980’, pero, en realidad, más que lo descomunal lo que hizo grande ésta exposición es lo sencillo, lo sencillo que resulta hacer las cosas bien cuando se tiene pasión por lo que se ama, en el caso de Vaquero,  la Arquitectura, que no deja de ser una expresión constructiva a gran escala del Arte.

La apuesta del Museo ICO, para rememorar al arquitecto, se dirigió a las fabulosas centrales asturianas de Salime, Miranda, Proaza, Aboño y Tanes, en todas y cada una de ellas se posó la mano del artista para convertirlas en verdaderas Catedrales Industriales, ¿Qué mejor fecha que la de Semana Santa para descubrirlas en primera persona? Pensaron los promotores.

Al frente de la exposición, Don Joaquín Vaquero Ibáñez, nieto del artista, arquitecto como su abuelo y su padre (toda una saga), y principal fan, nos indica que se trató de acercar la exposición al público en general, estableciendo un recorrido muy visual, así, la senda enseñó quién fue el artista, el entorno donde nació, tanto familiar como geográfico, y la ubicación de las centrales en el espacio-tiempo.

En total, unas 90 fotografías de Luis Asín, el trabajo audiovisual de Juan Vaquero, los cuadros de Joaquín Vaquero Palacios, fotografías de época, planos originales, bocetos, maquetas, libros y diversos elementos de diseño industrial, nos narraron la historia de la creación de las centrales eléctricas, entre los años 1954 y 1980.

Allí, pudimos descubrir que Vaquero nació en Oviedo, en el año 1.900 y falleció en Madrid, en 1.998, que fue un arquitecto, pintor y escultor con una enorme obra creativa. Uno de sus principales legados son estas maravillosas Centrales Eléctricas, que generaron espacios industriales de gran conceptualización artística, estas fueron las centrales de Salime (1945-1955), Miranda (1956-62), Proaza (1964-68), Aboño (1969-1980) y Tanes(1980).

En la exposición pudimos gozar de los murales, las esculturas, el mobiliario, y el diseño industrial que propuso Joaquín Vaquero, en algunas ocasiones ayudado por su hijo, Joaquín Vaquero Turcios, también arquitecto y artista (vaya saga). Lo más interesante de sus obras es que su diseño permite la fusión de arte e industria, algo que no es tan usual como nos gustaría pensar, y que convierte a estas naves en auténticas catedrales industriales del siglo XX.

Las construcciones nacen cuando el padre del arquitecto, Narciso Hernández Vaquero, que fue director y presidente de Hidroeléctrica del Cantábrico durante medio siglo, se hizo acompañar de un joven Joaquín en sus viajes, así, éste creció empapándose del paisaje asturiano. Más tarde, cuando los responsables dela empresa, le encargaron los trabajos de integración artística de la presa de Grandas de Salime, el arquitecto supo combinar ingeniería, arquitectura y pintura para crear una obra única y singular.

Después de Salime acometió las centrales (en diferentes años) de Miranda, Proaza, Aboño y Tanes. En la exposición se puso a la venta el libro que la documenta, un catálogo para preservar la muestra fresca en nuestra memoria, publicado por el Museo ICO, para la difusión de la arquitectura española de primer nivel. El Museo se ha especializado, desde 2.012, en el ámbito de la arquitectura y el urbanismo, adentrándonos en el apasionante mundo de la arquitectura contemporánea.

La otra organización que hizo posible la muestra se llama Fundación EDP, nacida de la Fundación Hidrocantábrico, en mayo de 1997, con la misión de reforzar el compromiso de la empresa en las áreas educativa,cultural, social, deportiva y medioambiental dentro de una perspectiva de desarrollo sostenible global, en el que la generación y utilización eficiente y responsable de la energía juega un papel determinante (casi nada). Una gran labor que merece la pena conocer.

Si hablamos de materiales, es evidente que el rey de estas construcciones es el hormigón, el elemento constructivo que más importancia tiene, y que permite, al artista, jugar con las formas, tallar su volumetría, modificar sus colores. La central de Miranda es un estupendo ejemplo de ello, pero mejor ejemplo es la majestuosa central de Proaza, un edificio que muchos se atreverían a llamar de estilo Brutalista, aunque nada más lejos de la realidad: la sensibilidad artística se pliega en cada una de sus aristas… en el exterior y en el interior.

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