Los dos soles de Beijing

Nos movemos en el tiempo y el espacio para descubrir lo que pasa con el nuevo edificio de Zaha Hadid.

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Ai Weiwei adoraba el amanecer, el atardecer y, más concretamente, el anochecer. Los adoraba porque los había vivido de primera mano en su juventud y, aunque ahora fueran sólo parte del recuerdo, no podía dejar de deleitarse recurriendo a ellos en varios momentos al día. Contaba sólo con quince años cuando ocurrió el fenómeno que paró a la Humanidad como ningún otro prodigio natural o científico podría hacerlo, apareció un Sol, es decir, otra estrella; pero con una curiosa particularidad: se movía en posición equidistante al Globo Terráqueo y siguiendo la misma órbita alrededor del otro astro, el Sol.

Ai Weiwei sentía una leve sensación de alivio cuando entendía lo cerca que había estado, la Humanidad, de la extinción total: sectas de cualquier índole, descontrol urbano, locura, caos y desesperación. Era como si la mayoría de las personas de aquel año (2020) hubieran estado esperando la aparición del segundo astro para acometer fechorías y devaneos indescriptibles. Los detalles de cómo se había tranquilizado la población, no era algo que interesara demasiado al peculiar personaje de este relato. La motivación que movía su interés era de una índole muy diferente.

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Ai Weiwei no sólo tenía el nombre en común con el artista de Pekín que había ayudado a los arquitectos Jacques Herzog y Pierre de Meuron en el diseño del Estadio Chino “El Nido de Pájaro”, también le movían intereses artísticos y arquitectónicos. Estaba orgulloso de su nombre, presumía de conocer todas las intervenciones de su homónimo, y, además, tenía un interés sano y legítimo en reclamar a los estamentos políticos lo que consideraba abusos o inoperancia, lo cual, dicho sea de paso, no era bien recibido por una gran parte de sus conciudadanos.

Ai Weiwei residía en Beijing, en el barrio de Luontianwa, muy cerca del sub-distrito de Wangjing, donde trabajaba en una empresa tecnológica de última generación. Cada “mañana”, (habían decidido seguir llamando mañana a la aparición del astro rey por oriente), se levantaba para ir al trabajo. Le encantaba su trabajo, pero aún más le gustaba el sitio en el que lo ejercía: el Centro Tecnológico Wangjing Soho, construido entre los años 2009 y 2014 fue, en el inicio de su creación, la vanguardia arquitectónica de lo que vendría después.

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La empresa propietaria, Soho China Ltd., realizó el encargo a la que, en aquellos años, era la arquitecta de mayor renombre internacional: Zaha Hadid. Las premisas estaban claras: debía ser un complejo único, moderno y adaptable, funcional y con más de 500.000 metros construidos. El estudio de Zaha Hadid se planteó en inicio ejecutar un proyecto de dos torres, pero desecharon la idea por la actual: tres torres de 200, 127 y 118 metros de altura cada una para uso de oficinas y tres pabellones circundantes para usos comerciales y de otra índole.

El original diseño, en forma de piedras o peces (según se mire) y su posición privilegiada en la ciudad, cerca del aeropuerto (es lo último que ven los ciudadanos al irse de la capital), unido a sus prestaciones y comunicaciones (autopistas y trenes), hicieron que antes incluso de la finalización de la construcción, las torres 1 y 2 se agotaran al 100% y la tercera al 90% en el momento de la inauguración, todo un éxito. Al final la superficie total fue de 521.265 metros cuadrados, distribuidos en 136.384 para la torre uno, 125.131 para la torre dos y 125.307 para la tercera. A estas cantidades hay que añadirles los 5.443 metros cuadrados en los tres pabellones y los 129.000 metros cuadrados en el subsuelo.

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Mientras aparcaba su bicicleta en uno de los 8.256 estacionamientos para este vehículo que tiene el complejo, Ai Weiwei solía pensar en lo afortunados que debieron ser los viandantes del lugar por poder ver crecer este bonito ícono. No en vano, rodean el complejo 60.000 metros cuadrados de espacio libre, abiertos al público las veinticuatro horas del día, y diseñados con un parque al sur, jardines al norte y zonas de actividades al este y al oeste. La amplitud y generosidad de los vestíbulos, con techos de hasta 10 metros de alto, con recepciones de entre 1.100 y 2.200 metros cuadrados, de las que parten los 81 ascensores de las tres torres (con posibilidad de control de acceso) y que desembarcan en oficinas con entre 3,6 y 4,2 metros de altura, dan un trato amable a todos los usuarios.

En sus alrededores los operarios de otras empresas (Microsoft, China Telecom, Panasonic en telecomunicaciones, o fabricantes como Siemens o Caterpillar) debieron inmortalizar incontables fotografías del levantamiento de la estructura de hormigón armado, así como de la coronación de las tres torres, con sus cerchas de acero. La envolvente de la edificación está compuesta por lamas exteriores de aluminio blanco que recorren en forma sinuosa (y con diferentes grosores) el contorno de cada edificio y ventanas con doble acristalamiento y baja emisividad (protegiendo de los rayos solares), además, reducen el consumo de calefacción y refrigeración.

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El complejo de edificios fue diseñado con ayuda de la tecnología BIM y de sistemas MEP (Mechanical, electrical and Plumbing) con resultados fantásticos ayudando a reducir las emisiones de CO2 y el consumo eléctrico y de agua potable. Esto rebajaba en un 13% los costes de energía y en un 42% el consumo de agua potable, respecto a los criterios que la Fundación ASHRAE sostenía (en el año 2015) como buenos para la sostenibilidad y la eficiencia energética. Como dato, la transmitancia térmica (capacidad de fluencia del calor a través de los objetos) de la envolvente es de U= 0,55 w/m2oC (a mayor valor de U, mayor facilidad para la transmisión de calor, y, por lo tanto, menos protector).

Los edificios tienen también sistemas de recogida de agua de lluvia para su reutilización, sistemas de recuperación de calor del aire circundante, sensores de control de eficiencia energética, monitores de consumo eléctrico en tiempo real, una alta eficiencia en bombas, ventiladores, calderas y enfriadoras. Uno de los mayores aciertos fue la incorporación de filtros de aire electrostático de alta eficiencia, con los que se eliminan del ambiente bacterias perjudiciales y se evita la entrada de partículas PM2,5 (partículas en suspensión de menos de 2,5 micras), con esto consiguieron mejorar en un 30% las exigencias de la ASHRAE. La ordenación de los edificios dentro de la parcela y su diseño, permitieron anclarse al proyecto en la identidad de la comunidad de Wangjing.

Ai Weiwei era siempre el primero en llegar a su oficina, en la torre uno, si lo permitía el tiempo abría su ventana para auscultar con detenimiento el horizonte, “si”, pensaba, “definitivamente tener dos soles no parece nada malo”.

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